LOS PUENTES DE MI PUEBLO

Por Gerardo Aristizábal A.

 

Los puentes siempre han sido motivo de inspiración, evocadores de recuerdos y responsables de muchas nostalgias. Hasta el puente llegaba la compañía para despedir a alguien o hasta allí llegaban las cabalgatas cuando de salir al encuentro de alguien importante se tratara. Unen casi siempre dos orillas con agua de por medio o enlazan acontecimientos cuando se vuelven imaginarios. Difícil encontrar un conglomerado de seres humanos sin un puente y la lista es bien larga. Comienzo con el de Lucerna para terminar con el de los Suspiros en Venecia, sin dejar de pasar por el de Londres, los de Paris, el Ponte Vechio de Florencia, el Verazano y los puentes de Manhatan en New York, el Golden de San Francisco, el del Rio Qway para mencionar unos pocos porque la lista es bien larga.
Pensilvania también los tuvo y los tiene pero buen número de ellos hoy son una leyenda en camino al olvido. Caminemos hacia la cabaña hasta llegar a Confamiliares para encontrar el más emblemático, el que atraviesa el rio de aguas cristalinas que acaba de formarse pocas cuadras arriba de la unión de dos quebradas el Popal y la Cabaña.
Construido en madera con cubierta de teja de barro, sin una sola puntilla, pintado de color rojo vivo, solo le faltan unas materas con flores para seguir viajando como obra de arte. En el parque del café en Montenegro hay una réplica bien afortunada. Nos cuentan que la prueba de carga se hizo con recuas de mulas y de bueyes y aún sigue campante desafiando el paso del tiempo. Cuántas veces lo recorrimos de a pie o a caballo no recuerdo, pero lo que si no olvido son los sustos para pasarlo de noche y el sonido ampliado de los cascos de: ganado, mulas, caballos y bueyes que al paso, al trote o al galope lo cruzaban dejando en el aire unos sonidos que aún resuenan en la imaginación como bella melodía. Si se para en la mitad y mira hacia abajo verá un paisaje idílico con el río cuesta abajo que al chocar con las rocas forma penachos blancos que hacen un buen contraste con las cabañas coloniales del centro vacacional y al fondo el imponente Piamonte y hacia arriba el mismo río que corre entre plantaciones de pino con la cordillera en lo alto.
Caminando hacia arriba se encontraba otro puente colgante que servía para pasar la quebrada de la Cabaña justo en el sitio donde se unía a la del Popal. Dos torres a lado y lado servían para sostener los cables que daban el soporte a las tablas del piso y el de las barandas que a su vez se ligaba con el piso formando una barrera de protección. Cruzarlo era un deleite por la forma como se mecía y que en oportunidades aprovechaban los muchachos inquietos para infundir terror al sexo opuesto que habitualmente lo cruzaban con miedo.
Ahora nos vamos para las travesías. Para cruzar la quebrada del centro había un puente con cubierta de teja de barro con postes de madera y de piso sólido que fue reemplazado por el actual. Dicen que para iniciar la carretera a Puente Linda llevaron un Bulldozer que dudaban si el puente lo resistiría y la solución fue pasar la máquina sin conductor y esperarlo a l otro lado y se logró sin problema.

Si no está cansado podemos seguir calle cuarta abajo hasta llegar al río, pasando por el antiguo barrio de tolerancia, un desecho en zig-zag, la finca cafetera de don Luciano Cortes con la Tenería de los Zuluaga al fondo para encontrarnos con otro puente colgante que atraviesa el Río Pensilvania en su camino hacia la vereda de San José. Un puente similar al de la cabaña pero más largo y robusto pero con las mismas características, se mecía menos pero también lo hacía.
Finalmente lleguemos a la punta, el sitio en donde el camino real que venía del Congal y la Rioja empataba con el pueblo y a donde salíamos al encuentro con mi padre que regresaba del Salado los Viernes. El camino descendía hasta el río en forma serpenteante, bien empedrado como camino real que era y llegaba hasta el puente real sobre el Pensilvania, un puente grande imponente parecido al de la quebrada del centro, techo de teja de barro, postes de madera y piso también de madera. Lo pasamos pocas veces. Llegó la carretera por el lado encima, se construyó el puente actual y prácticamente quedó sin uso. A sus inmediaciones fue trasladado el Barrio. Me dicen que ambos puentes se los llevó la corriente en una crecida del río que afortunadamente no barrió los recuerdos para seguirlos disfrutando.
No sé qué me pasa y me pregunto si esto mismo les pasará a otros, que los puente de ahora sirven para pasarlos rápido en vehículos automotores sin que resuene el sonido de los cascos y sin que nos detengamos a contemplarlos porque no evocan tantos recuerdos .